Terapia celular

Antecedentes

La regeneración de órganos e inclusive de partes enteras del cuerpo, no es un hecho insólito en la naturaleza. Existen muchos ejemplos de animales que son capaces de regenerar parte de su cuerpo, cuando lo pierden; por ejemplo, la lagartija de campo, cuando pierde una pata o la cola, puede volver a formarlos de nuevo a partir del muñón que queda. En el mismo ser humano, el hígado puede regenerarse y crecer a partir de un pequeño segmento del mismo.

Esta regeneración también sucede en forma natural, en mayor o menor grado, prácticamente en todos los órganos de nuestro cuerpo. De hecho, a lo largo de la vida, vamos perdiendo células producto del envejecimiento o del daño producido por infecciones, sustancias químicas, traumatismos, etc., las cuales son repuestas con nuevas células, permitiendo que los tejidos y órganos continúen funcionando adecuadamente.

Las células encargadas de esta regeneración “natural” son las células progenitoras localizadas en los diferentes órganos de nuestro cuerpo. Estas células muy especiales tienen la capacidad de autoregenerarse, es decir, de mantener un número constante de ellas y la capacidad de transformarse en células maduras especializadas, reponiendo así a las que van perdiendo.

Sólo cuando el daño a un tejido u órgano es muy severo, es cuando los mecanismos de reparación natural fallan y no son capaces de compensar la gran pérdida de células ocasionada por la lesión, llevando muchas veces al reemplazo por células no especializadas que ocasionan fibrosis (cicatriz), y ocasionando que el tejido u órgano no funcione adecuadamente.

Definición